Bartleby y compañía, de Vila-Matas

por: silvia

noviembre 9th, 2015 // Revistas

libro_recordado

Estamos frente a un texto con voz narrativa en primera persona que quiere o pretende crear un escrito invisible, no sé como un escritor puede pretender algo así, pero con Vila – Matas todo puede pasar. Esta idea de argumento me recordó Una asesina ilustrada, el juego literario que al parecer es el lev motiv del escritor, que en Bartleby y compañía, de principio encanta.

Menciona a través de notas a escritores que dejaron de escribir, cuenta las razones por las cuales algunos escritores deciden no escribir más. Juan Rulfo dejó de escribir porque su tío Celerino ya no le contaba las historias.

“La radical soledad de estos últimos días me está convirtiendo en un ser distinto. De todos modos, vivo a gusto mi anomalía, mi desviación, mi monstruosidad de individuo aislado. Encuentro cierto placer en ser arisco, en estafar a la vida, en jugar a adoptar posturas de radical héroe negativo de la literatura (es decir, en jugar a ser como los protagonistas de estas notas sin texto), en observar la vida y ver que, la pobre, está falta de vida propia”. p. 53

“Me he despertado muy pronto y, mientras me preparaba el desayuno, he estado pensando en toda la gente que no escribe y de repente me he dado cuenta  de que en realidad más del 99 por ciento de la humanidad prefiere, al más puro estilo Bartleby, no hacerlo, prefiere no escribir”. p. 58

Anécdota en el transcurso de la lectura de este libro

Estoy en una cafetería muy pirula leyendo, estoy demasiado feliz, disfruto mucho a E.V.M. Tomo té verde. Hace un rato me reí mucho porque el escritor dice que el 99% de las personas decide no escribir. Me pareció muy curioso este pensamiento. Creo que yo elijo escribir. Recuerdo una tarde en que mi madre, (de quien siempre he dicho que es una santa para Chile, sobre todo cuando está en silencio), llegó a mi departamento y se sentó en el único sillón rojo que tengo y me dijo: – Pero hija, vives sola, rodeada de libros. Yo la miré, pero no le dije nada. Y ahora pienso que eso para mí es la normalidad en mi vida.

Hace un rato me relajé tanto, tanto leyendo que me olvidé hasta de mi cartera. Es que encontré un episodio muy bueno. Él se encuentra en una cafetería, si no me equivoco, y habla con una mujer, le conversa sobre escribir, él le pregunta a ella si escribe, la mujer le dice algo como, ¿yo le parezco una mujer que escribe? con un tono de halago. Otro hombre que es el marido de esta mujer, que justo anda cerca, le habla al narrador y le dice…-Hey, ¿tan temprano y ya con ganas de ligar? Cómo si el trasfondo de hablar no fuera otra cosa que ganas de tener sexo.

Espero que esto no le haya ocurrido al escritor, y si pasó, lo pienso algo colorado, contestando cualquier frase.

¿Cómo no me voy a volar leyendo? ¿Cómo no me voy a olvidar de mis pertenencias? Afortunadamente mi cartera negra estaba colgada tras de mí, en el respaldo de la silla. Ahora la tomé y la puse en la mesa, creo que es más seguro. Lo material no se fue de mí. Fin de la anécdota.

Como lectora busco la historia que el escritor está mostrando, pero ésta es invisible. ¿Qué puedo pensar? – Bueno, lo que sea. Creo que la historia es que el narrador está reflexionando sobre la idea de dejar de escribir, quizás inclusive, esta misma historia.

“Siempre fue una vieja aspiración de Oscar Wilde, expresada en El crítico artista, no hacer absolutamente nada, que es la cosa más difícil del mundo, la más difícil y la más intelectual. p. 116

Volviendo a la historia, en un momento el narrador cuenta que lo acaban de despedir. Creo que este hecho es un detalle importante en medio de esta historia invisible. Por otra parte, el narrador habla mucho sobre la Literatura del NO, y da ejemplos. Los novios que deciden no casarse, el escritor que deja de escribir, son como vivir situaciones en donde por lo general se toma una decisión, sin embargo se decide no hacerlo. Creo que eso son los Bartleby, seres en los que habita una profunda negación del mundo. Al parecer la literatura es una muy favorable excusa para transformarse en un Bartleby.

Sigo leyendo este interesante libro, ya estoy en la página 162 y no quiero que termine.

Llegué al final, un final muy al estilo de Vila – Matas, por supuesto que no contaré más. Una vez más ha sido un agrado leer un nuevo libro del escritor que por estos días me gusta más. Saludos!!

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