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Dos clásicos juveniles: “La isla del tesoro” y “Fahrenheit 451”

// febrero 8th, 2014 // Na` que decir » // Litarutera

 

 

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Los clásicos parecieran ser finalmente un reflejo, un compilado y un resumen de una tradición o un tema, acaban abordando más de lo que se proponen y se vuelven infinitos en sus lecturas a través de los tiempos. Por eso siempre leer un clásico es una experiencia, pues se conversa no sólo con la historia, sino que con un sinfín de lectores del antes, durante y después. En realidad eso pasa con todos los libros, pero con los clásicos se hace más evidente. Eso no quiere decir que uno obligadamente deba disfrutarlo o dejar de enfrentarlo de manera crítica, pero un clásico puede valorarse incluso años después de su lectura.

Toda esta lata de introducción es porque acabo de leer dos clásicos juveniles, libros que me aparecían por todos lados y que postergaba vez tras vez.

El primero es “La isla del tesoro” del escocés Robert Louis Stevenson, publicada en 1883. Una historia de aventuras con piratas, tesoros escondidos y muchos muertos, narrada principalmente por el joven Jim Hawkins quien va tomando cada vez más protagonismo en la historia. Si hubiera leído este libro a los 12 años, hubiera querido ser marino o pirata, es un libro demasiado entretenido, y suele quedar relegado a la etiqueta de literatura infantil o juvenil, mas lo que ha logrado en mi adultez es llevarme a un mundo lejano, histórico y entender las gallardías y sustos de sus personajes en una historia llena de peripecias, es una presentación de sensaciones y estados desde la experiencia lectora: admiración, traición, tristeza, honor, valentía, lealtad, etc.
Una de las razones por las que me interesaba leer “La isla del tesoro” es que muchos escritores se referían a éste como uno de los libros iniciáticos de su amor a la lectura, o que le hacían recordar una época de descubrimiento en su adolescencia.

El mejor ejemplo es el poeta chileno Jorge Teillier, quien menciona en innumerables entrevistas este libro, incluso tiene un libro del mismo nombre, escrito junto al poeta peruano Juan Cristóbal Lima, donde, en un homenaje sincero, se comunican en una jerga bucanera, creando códigos de poetas filibusteros.

La historia de Stevenson tiene algunas versionesen cine, videojuegos y comics y es muy recomendable para quienes aún pueden soñar con aventuras.

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El segundo libro es “Fahrenheit 451”,  su título indica la temperatura a la que se quema el papel. Un futuro distópico en que leer es un delito, por lo que los bomberos tienen la labor oficial de ir a quemar libros. Escrito por uno de los maestros de la ciencia ficción, el estadounidense Ray Bradbury, publicado en 1953 y es una clara crítica a la censura impuesta por el Macarthismo de la época. Para quien tenga una relación de especial aprecio por los libros y la literatura, es impactante pensar en las imagenes que provoca esta narración. Y ocurre lo que suele ocurrir, la esperanza y belleza aparece en los impensados momentos y lugares en que el ser humano ha dado muestras de su vileza. Una entretenida historia, con mucho de intriga y de reflexión, con una filosofia palpitante, sin llegar a sofocar como lo hace el fuego constante que va consumiendo hojas, ideas y humanidad.
Hay algo que nunca tendrá grilletes, la conciencia.

El libro tiene una adaptación cinematográfica hecha por Francois Truffaut, que no es muy buena, pero pueden revisar. Y el libro hasta hoy es un clásico escolar, aunque en realidad puede disfrutarse a cualquier edad.

 

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Se me hace inevitable luego de leer ambos libros, pensar en el destino de la literatura, del traspaso de conocimientos, de experiencias, de sueños, de ideas a través de los siglos. Reafirmar que lo importante es lo que genera el arte (en este caso los libros), lo que queda, el arte por el arte se desvanece si no contiene la humanidad necesaria para comunicar y conmover. Y la literatura es una de las muchas maneras de sobrevivir como especie y es una manera que sigue siendo válida y sería la raja que muchos más lo notaran.