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¿Por qué llaman amor a eso?

// mayo 21st, 2015 // 1 Valiente » // Litarutera

“- A mi parecer – dijo el mayor -, existe un contacto supremo únicamente: el del amor. Fíjese bien que el amor es multiforme. Y, según yo, todas las formas del amor son justas, siempre que se trate de amor y que se honre la acción a la cual lleva. ¡Y me parece que es todo lo que hay en la vida! Pero le concedo que si usted niega la diversidad del amor, niega al mismo tiempo el amor. Si usted trata de encerrar en una categoría reconocida los sentimientos, los hiere en su misma esencia; hace de ellos un medio de tiranía, de muerte.

– Pero ¿Por qué llaman amor a eso?

– Porque me parece que es el amor el gran poder que atrae a los humanos unos a otros, cualquiera que sea el resultado del contacto. No hay para qué decir que este resultado puede ser el odio tal vez, pero el odio no es nada más que el reflujo del amor. Todos nuestros sufrimientos actuales provienen de que nuestra manera de comprender el amor es estrecha, exclusiva y, por consiguiente, se opone al amor mismo; lleva a la muerte y a la tiranía.”

 

Extracto de “The Ladybird” de David H. Lawrence, traducido como “El escarabajo” o “La mariquita”

 

D_H_Lawrence

La Situación de Umbral, de Juan Emar

// noviembre 5th, 2010 // Na` que decir » // Litarutera

El siguiente artículo fue extraído de un Blog amigo que bajo la autoría de Adriana Valdés entrega una visión analitica del lugar que ocuparía Umbral dentro de la historia de nuestra literatura.

He aquí parte de dicho artículo, que sin ser muy complejo propone variadas interpretaciones de un autor y una novela claves… al menos para nosotros… creo…

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LA SITUACIÓN DE UMBRAL, DE JUAN EMAR

por Adriana Valdes

“Después del almuerzo me fui al salón con mi amigo Eduardo Barrios ajugar una partida de nuestro dominó. Digo “nuestro”, pues en un dominó inventado por nosotros dos, hace algunos años, durante las largas tardes y noches invernales…” (Umbral, pág.286)

….. Tan extraño aparece en Umbral (1) la mención de Eduardo Barrios, que el nombre del novelista chileno se hace más insólito que el de los personajes con nombres geográficos que puebla la narrativa de Juan Emar: Guni Pirque, Lorenzo Angol, Rosendo Paine, Viterbo Papudo. Parecen inimaginables las partidas de dominó entre dos escritores cuyo aire, cuya tierra, están aparentemente hechas de sustancias tan distintas. Sin embargo, al menos en lo que se refiere a parte de Umbral y parte de Gran Señor y Rajadiablos, puede suponerse sin gran error que fueron en parte la misma tierra y el mismo aire, los del fundo La Marquesa (cerca de Leyda) los que afirmaron y se respiraron al hacerse estas dos obras. Una de ellas siguió el camino que todos conocen en Chile. La otra viene a publicarse más de diez años después de la muerte de su autor, más de treinta años después de la publicación de sus libros anteriores (2), y revive la extrañeza tal vez desdeñosa, tal vez aterrada con que puede justificarse el silencio de la crítica de entonces: “la propuesta de Juan Emar resultaba excesiva para las limitaciones del medio” dice Pedro Lastra con justeza en su “Rescate de Juan Emar” (3).

Situación literaria de Juan Emar

….. Novela escrita de espaldas: Umbral puede empezar a describirse, en un primer acercamiento, por todo aquello que niega e ignora. La tradición narrativa chilena, en primer lugar (es una de las cosas que lo hace inimaginable en un dominó, cara a cara, con E. B.). Con ella, el interés por dar cuenta o testimonio de la realidad externa, tanto natural como social o psicológica. En cambio, existen sin duda puntos de contacto entre lo que sucede en poesía con los vanguardismos -especialmente el creacionismo y el ultraísmo- y la obra narrativa de Juan Emar. Creo que parte importante de este contacto lo constituye el hecho de que Alvaro Yañez Bianchi -nombre sustituido por Jean Emar (Jén ai marre, como pone en uno de los cantos bajo la ducha de su personaje central de Umbral, Onofre Borneo) hacia los años veinte, y luego por Juan Emar- haya vivido varios años en Europa y vuelto a ella en diversas oportunidades. Si bien los pocos datos biográficos que conocemos apuntan sobre todo a una vida “de cabaret”, como dice su coetáneo Maréchal que fue la suya propia al llegar a París (4), esos viajes dan tal vez el impulso primero hacia el horizonte narrativo que determnará la forma de escritura del autor, ajeno a la exigencia de una crítica y de un público chileno que en gran medida conformaron las otras narraciones de la época.

….. Su narrativa establece una mayor relación con los enunciados programáticos publicados en los Manifiestos de Huidobro, editados en 1925, o en el Manifiesto de Martín Fierro (1925), redactado por Oliverio Girondo, textos éstos que se refieren preferentemente a la poesía. Sin embargo, algunas de sus frases, su tono general, parecen prever a Juan Emar. El diagnóstico del lugar donde se da entonces la literatura, según el Manifiesto de Martí Fierro, por ejemplo, podría ser el lugar donde luego deberá ubicarse Emar:

“Frente a la impermeabilidad hipopotámica del ‘ honorable público’.

“Frente a la funeraria solemnidad del historiador y del catedrático, que momifica cuanto toca.

“Frente al recetario que inspira las elucubraciones de nuestros más ‘ bellos ‘ espíritus y la afición al ANACRONISMO y al MIMETISMO que demuestran.

“Frente a la ridícula necesidad de fundamentar nuestro nacionalismo intelectual, hinchando valores falsos que al primer pinchazo se desinflan como chanchitos…” (5)

….. Frente a todo ello, Emar elegirá dar la espalda, ignorar. Tras la escasa o negativa recepción de sus libros en 1935 y 1937, se dedicará a Umbral, texto de cuya publicación dudaba él mismo, y que lleva en su propia estructura los signos de la cerrazón y de la prescindencia frente a un posible receptor ajeno a los que el mismo texto inventa.

….. El joven Jean Emar de los años de la publicación de los Manifiestos de Huidobro y del Manifiesto de Martín Fierro escribiá también entonces sobre el mismo rechazo al medio literario:

” … aquí en Chile, que yo sepa -salvo aisladas excepciones- nunca he visto ni el intento de comprender las artes como una creación y con relación a la naturaleza como una re-creación, como un paralelo. Aquí nos limitamos a hablar o pintar nuestras procupaciones cotidianas con una fraseología llamada poética o con pinceladas llamadas maestras. Esto es demasiada modestia por parte de los artistas, modestia por no decir otra cosa (…). Entremos a lo esencial del arte, a una cuestión básica, a una cuestión de principios: el artista debe repetir las visiones de la vida o el artista debe volver a crear la vida. O victrola o creador. ” (6)

….. Su obra recoge estos ecos de Huidobro y de su tiempo y situación; constituye una ruptura con la narrativa chilena vigente entonces y por mucho tiempo después, y sus signos son los de una “imaginación que arrasa con la simple sensibilidad”; “crea situaciones extraordinarias que jamás podrían existir en el mundo objetivo” (7) y que sólo pueden , entonces, existir en la literatura. El creacionismo buscaba la libertad de la imagen poética. Esta liberación la logra Emar en las situaciones que aparecen en su narración. A ello debe agregarse una desbordante potencia imaginativa unida a un humor irresistible, cruel, rasgos ambos que lo vincularán al surrealismo.

….. Un paréntesis acerca de las lecturas de Juan Emar. “En lo que a letras se refiere” -dice en Umbral (pág. 175)- “es preferible respirar a leer”. Nada tiene de lector “ornitologo”, es decir, el que puede decir “tomo un libro… lo abro en la primera página, lo leo entero y no me detengo hasta leer la palabra fin” (8). Sus libros suelen citar o comentar párrafos aislados, separados de todo contexto, que le sirven sobre todo como punto de partida de elucubraciones que muy luego los olvidan. Entre los textos y los libros parece establecer las mismas azarosas jerarquías y ceremoniales que se producen entre sus personajes y sus situaciones, y puede, según Braulio Arenas, otorgar la misma atención absorta, la misma cantidad de meditación, a una novela de Agatha Christie que al más complicado estudio científico. En Ayer se refiere a un método para conocer a un libro, opuesto al de los “ornitólgos” y “grato, gratísimo a los malos poetas”: consiste en comprar un libro, mirarlo, hojearlo, decir que está ahí, leer una frase cualquiera en cualquier página, atisbar la expresión de los demás: “nadie lo lee, pero se vive en su atmósfera. Al cabo de un mes, cada uno de nosotros da una conferencia sobre el libro y autor”. Lo que importa no es qué se lee, dirá en Umbral a propósito de su personaje Lorenzo Angol: “el contenido intrínseco de libros y estampas es, en este caso, de importancia secundaria, porque lo que importa es que ayuden a ponerse en ese estado peculiar de ánimo en que prima la atracción por alejarse del mundo, por replegarse en sí fuera del roce de los demás hombres. Y este estado no está precisamente en el contenido de estampas y libros: él fluye a través de ellos y fluye según los temperamentos y según el grado de desarrollo de cada persona.” (Umbral, pág.44). Si es cierto que la literatura proviene de la literatura, la narrativa de Juan Emar toma tal vez aquí su excentricidad no sólo frente a la cultura en uso, sino frente a toda la cultura, y el aire de extrañeza que envuelve sus personajes, más parecidos, para mí, a las figuras de Magritte que a cualquier pariente escritural. Como su personaje Onofre Borneo por el Louvre, Juan Emar se pasea por la literatura “para estirar las piernas”. De ahí el caracter sui generis de sus simpatías y diferencias literarias.

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Notas

1.- Juan Emar: Umbral. Primer Pilar. El Globo de Cristal. Tomo I. Carlos Lohlé, Buenos Aires, 1977

2.- Miltín 1934, Ed. Zig-Zag, Santiago, 1935; Un año, Ed. Zig-Zag, Santiago, 1935; Ayer, Ed. Zig-Zag, Santiago, 1935; Diez, Ed. Ercilla, Santiago, 1937. De este último libro hay una segunda edición en la Editorial Universitaria de Santiago, 1971.

3.- Pedro Lastra, “Rescate de Juan Emar”, Revista de Crítica Literaria Latinoamerivcana, Año III, Nº 5, Lima, Perú, primer emestre de 1977.

4.- Véase el prólogo a Umbral, de Braulio Arenas, y “Distinguir para entender” (Entrevista con Leopoldo Maréchal), por César FernándezMoreno, en Los Vanguardismos en América Latina (varios autores). Casa de las Américas, La Habana, 1970.

5.- Manifiesto reproducido en Los Vanguardismos…, op. cit., pág. 203 ss.

6.- Jean Emar, “Con Vicente Huidobro”, La Nación (Santiago), 29 de abril de 1925.

7.- Vicente Huidobro, “El Creacionismo”, reproducido en Los Vanguardismos… op, cit., págs. 185 ss.